«No todo lo que brilla es oro»

André Jardine - Foto: Lucas Figuereido CBF

André Jardine - Foto: Lucas Figuereido CBF

La frase con la que titulamos esta columna, parece más que adecuada para el momento que pasa el Atlético de San Luis, y tiene que ver con muchas aristas, no solamente con el reciente nombramiento de André Jardine como entrenador del primer equipo tras la salida de Marcelo Méndez, también con lo que sucede en otros puntos del equipo.

Comencemos con lo que se ve: la llegada de Jardine parece que más que certezas, le causa mucha incertidumbre a los aficionados del equipo potosino. Pocas veces llega a dirigir un campeón olímpico a un equipo que marcha último en la pelea por no descender (sea el sistema que sea, y el castigo que la liga imponga), inclusive, se sabe que el mexicano Jaime Lozano, medalla de bronce en Tokio 2020,  no aceptó sentarse en la banca del Alfonso Lastras por temor a «quemar» su carrera y por que parece tener otras ofertas más interesantes, según su entorno.

Pero si desmenuzamos la llegada del carioca, habría que preguntarnos ¿Por qué la dirigencia tomó esa decisión?

Jardine es un tipo ganador en equipos con límite de edad, es un genio con los futbolistas jóvenes, ha tenido periodos largos de trabajo en equipos importantes de su país en fuerzas inferiores, ha trabajado a lado del actual entrenador de una de las selecciones candidatas a ganar Qatar 2022; si todo suena muy bien, pero tiene NULA experiencia en Primera División y mucho menos tratando de salvar un equipo que se juega la categoría.

Traer a Jardine habría sido bueno en un entorno mucho menos complicado para él, nadie dice que por estar enfocado en jóvenes no sea capaz de dirigir en el máximo circuito de nuestro país o en cualquier otro, al final es fútbol y no una ciencia, pero un perfil como el de él, a mi forma de ver, necesita adaptación (comenzando con el idioma), necesita sentar una base, necesita conocer el material humano con el que cuenta, conocer la liga, paciencia y tiempo, y eso es lo que menos tiene, pues hoy día las necesidades del equipo requieren soluciones inmediatas.

Ningún equipo, ningún dirigente usa su dinero para desperdiciarlo, sería darse un balazo en el pie, pero tomando en cuenta las necesidades del equipo, pareciera que con la llegada de Jardine, planean algo a largo plazo sin resolver lo del corto.

No solo han tardado mucho en definirlo (so pretexto de tomar una decisión correcta y bien pensada), también lo hicieron previo a un duelo donde puedes salir vapuleado del Estadio Azteca y con un calendario de muerte para el próximo mes.

Hoy día la dirigencia, que por cierto realizó cambios al interior de sus oficinas, anunció un nuevo líder en el departamento de comunicación y viene haciendo mejoras hacía adentro del equipo tras el arribo de sus nuevos dirigentes, tiene un panorama muy complicado. Una derrota este sábado en el Estadio Azteca ante el América (que por cierto ve al equipo potosino como la perfecta oportunidad para mitigar su propia crisis), pondría las cosas más que difíciles.

La gente que alienta al San Luis no lo deja de hacer, lo hace a pesar de todo el desastre deportivo, confía en sus jugadores o por lo menos no los abandona. La gran tarea es, regresar un poco de todo lo que el hincha deja cuando va a la cancha o desde donde se encuentre.

Hoy Jardine tiene la gran oportunidad de comenzar a trazarse un camino en el fútbol, en una liga que parece sencilla desde afuera, pero que tiene más complicaciones de las que aparenta. Si Jardine aceptó el reto es por que siente que puede salvar el barco, si la dirigencia potosina trajo a Jardine es por que siente que es el indicado y que aunque sufriendo, puede poner la primera piedra de cara a una salvación (económica) y a un futuro prometedor con todo lo que puede ofrecer un entrenador que desarrolla jugadores y que lo ha hecho al más alto nivel.

¿Y usted que siente?

Yo lo que creo es que un metal dorado no te da garantía de nada, ni como jugador, ni como entrenador….y ejemplos hay muchos.