14 junio, 2021

¡Izquierdo, por favor cierra la puerta al salir!: la columna de Rodrigo Martínez.

Cuando por tu mente pasa el llegar a ser un deportista profesional, sea cual sea la disciplina, lo primero que llega al cerebro de cualquier ser humano que ha tenido esos sueños, son las cosas buenas: dinero, fama, aplausos, elogios y un largo listado de beneficios que adquieres cuando tu nombre brilla en el codicioso mundo del fútbol (en este caso). El fútbol, si, el deporte más apasionante y envolvente del mundo tiene todo eso, pero como pocos, también tiene su lado oscuro, mismo que se ve representado entre otras formas por los reclamos de la gente, los abucheos, las mentadas de madre, y otras tantas «linduras» que el jugador debe ser capaz de sobrellevar y sobre todo de entender, si es que en su sueño de niño, no le habían pasado por la mente.

Pero pareciera que ninguna entidad deportiva está preparada para «educar» a sus integrantes, más cuando los momentos en lo colectivo no son los mejores. Hay futbolistas que si bien no la pasan de la mejor forma cuando los goles son en contra, cuando las tarjetas son todas para su equipo y cuando los resultados por consiguiente los hunden entre los peores de la liga, si son capaces de canalizar de una forma adecuada esos tropiezos y de una u otra forma toman energías para contagiar a sus compañeros para intentar salir del fango….pero hay otros que de plano, no.

El sábado anterior ante Puebla, el Atlético de San Luis dio una de sus peores exhibiciones del campeonato, y me atrevo a decir que desde su ascenso al máximo circuito no habíamos visto a un equipo con tantas carencias futbolísticas y de actitud como el que presentó Leonel Rocco ante los camoteros, dejando fuera de ese circulo a los jóvenes López, Rodríguez y  Ramírez, quienes fueron lo mejor del encuentro y aprovecharon la «oportunidad» que les dio el técnico charrúa de intentar sacar este juego adelante.

Dentro de esa vorágine de pésimos momentos, los ánimos se caldearon cuando un sector de la afición comenzó a meterse con Federico Gino, jugador uruguayo, que junto a varios del plantel, no ha dado lo que se espera de un refuerzo extranjero, más allá del nombre o nacionalidad. Fue en ese momento cuando Juan Izquierdo «brilló» por primera vez en el campeonato, fue cuando se habló más de él y lastimosamente fue de manera negativa.

El defensor quiso defender a su compañero, pidió que no se metieran con él, hasta cierto punto una expresión de compañerismo que tiene justificación. Lo peor de eso, es que mientras el zaguero se distraía, cayó el cuarto gol , entonces el abucheó se generalizó porque fue culpa suya. Tomando en cuenta que ahora eran dos los abucheados, las cosas se pusieron candentes, sacando una vez más (por que semanas antes ya había pateado vilmente a un jugador en las categorías inferiores, mismo que provocó su expulsión) el lado más complicado de un futbolista, que evidentemente no está preparado para los episodios de frustración.

Intentos de golpear a un aficionado, berrinche con gente del equipo y un comunicado completamente planeado y lejos de parecer real, complementaron este bochornoso episodio, de un futbolista que lo único que ha demostrado es tener un nivel deplorable, indigno de un refuerzo extranjero que ocupa el lugar de un mexicano y alejado de las políticas y el ADN de una institución como el Atlético de Madrid, propietaria del conjunto potosino.

¿Lo estamos «matando» con la critica? si lo vemos desde el ojo el futbolista (en general), seguramente si.

¿Merece un castigo interno? eso no nos corresponde y difícilmente sabremos si será corregido de tal manera.

Lo que es un hecho, es que futbolistas como Juan Manuel Izquierdo Viana, nos corroboran que muchas veces el técnico, el presidente o el promotor, traen jugadores solo para rellenar una plantilla y no se fijan en cuestiones más allá del fútbol. Izquierdo no es más que un jugador del montón, de esos extranjeros que seguramente pocos recordarán, más que por lo sucedido el sábado anterior ante Puebla.

Juan Manuel Izquierdo Viana debe entender que si su equipo le permite un nivel de jugador amateur, que si su equipo le permite errores como los de prácticamente todos los partidos que ha jugado en Liga MX  y reacciones grotescas como las del sábado, ese es problema de su técnico y de sus dirigentes, pero que los hinchas, los fans, los aficionados o como guste llamarlos, están en todo su derecho de abuchearlo, de mentarle la madre y de señalarlo por sus equivocaciones, porque eso es parte del juego mientras no afecte su integridad. Si Juan Manuel Izquierdo Viana no es capaz de entender eso y piensa que todo serán aplausos como cuando lo soñaba de niño, si no se preocupa por demostrar que es mejor jugador que un mexicano en su posición, o que es más que cualquier otra apuesta que pudo hacer su equipo en el exterior, entonces tendrá que aceptar que la gente reaccione así, y no tendrá más que dos opciones:

1.- Levantar su nivel y tomar revancha en la cancha, para poder entonces si callar al público y a nosotros prensa, con argumentos futbolísticos.

2.- Simplemente, tomar sus cosas y cerrar la puerta cuando salga.

Suena a cliché, si, pero en una entidad deportiva no hay nada más valioso que los fans, por que sin ellos no funciona ninguna industria.

¡Hasta la vuelta!

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